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Lograr el amor en la pareja: el trabajo terapéutico de Bert Hellinger [descarga el libro gratis]

Bert Hellinger es un filósofo, teólogo, pedagogo, nacido en Leimen (Alemania) el 16 de diciembre de 1925. Se considera el fundador de la terapia transgeneracional de Las Constelaciones Familiares, cuyo metodo estudia el sistema familiar, su orden y sus leyes y el impacto en la conciencia humana. Su primer contacto con las Constelaciones Familiares se produjo gracias al trabajo de una colega en Alemania y determinó un cambio radical en su profesión y en sus investigaciones. Fue de hecho el primero en hablar y describir lo que él mismo nombró los “Órdenes del Amor”. Fue él quien le dio estructura y significado a este novedoso enfoque.

Imagen: Eam.cat
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Sus avances le han permitido crear lo que él llama Movimientos del Espíritu. Miles de profesionales en el mundo utilizan las constelaciones familiares como método terapeutico complementario en beneficio de sus pacientes. A continuación, comparto un extracto de una interesante entrevista hecha por Johannes Kaup a Bert Hellinger para el ORF*  – Oesterreichischer Rundfunk – Radioemisora de Austria – en Viena el 6 de Julio de 1999, en la que Hellinger explica cómo el sistema familiar impacta, influye, guía nuestras relaciones de pareja y sus dinámicas, proporcionando interesantes reflexiones que pueden ayudar cualquier persona a encontrarse con si mismo y a respetarse y respetar el otro.

” La relación de amor entre hombre y mujer, en la actualidad, a menudo es observada desde la perspectiva del Yo. O sea, ¿qué es lo que en esta relación amorosa me va a satisfacer y me va a ayudar a avanzar a mí? Entonces buscan una pareja que promete eso y de la cual suponen que se comportará según sus expectativas. Eso es recíproco. Ambos miembros de la pareja buscan eso.

Sin embargo, la relación entre el hombre y la mujer está instalada en un contexto grande. Por naturaleza está orientada hacia los hijos, a la creación de una familia, a la continuación de la vida. La relación de pareja como tal es el primer paso en esa dirección. Cuando entonces se escapa de la mirada el contexto total, el amor se atrofia, porque no contempla ese contexto. Eso sería lo primero.
Lo segundo es que el amor o la relación amorosa siempre tiene consecuencias. Algunos piensan que podrían tener el amor como cuando van al supermercado para comprar una golosina, la come y, si a uno ya no le gusta más, pasa a buscar lo próximo que uno se compra y lo consume. Pero la experiencia, o mejor la observación, es – eso se puede ver claramente – que

al cumplirse el amor en su sentido completo, es decir por la consumación sexual con todos sus riesgos, en la pareja surge un vínculo que no permite que se vuelvan a separar. En hecho de que ese vínculo surge se ve en el efecto. Ya no se pueden separar sin dolor y sin la sensación de fracaso y culpa.

Es decir que en el amor tiene efecto algo más, algo que va más allá del amor. Por un lado en ese contexto el objetivo, y luego también actúa un orden dentro del cuál el amor se puede desplegar. Cuando ese orden no es reconocido o incluso es negado, tiene un efecto retroactivo sobre el amor.

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Imagen: Pixabay.com
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La colusión en la pareja se produce porque los dos miembros siguen ligados a su familia de origen y porque no se logró la separación de la familia de origen. Eso también forma parte del orden, lograr la separación de la familia de origen. Si entonces se mira lo evidente, que dos no se llevan bien, sin ver que eso tiene que ver con las familias de origen, la separación de la pareja jamás traerá la solución. Se logra la solución, cuando se logra la separación de la familia de origen.

El enamoramiento es un momento especial. Cuando hay dos personas que están tan fascinados uno del otro, seguramente actúan muchas fuerzas ocultas que no conocemos. Eso va mucho más allá de la atracción inmediata. Ahí aparecen recuerdos de lo más variados. Por ejemplo, había una pareja felizmente casada, y se puso de manifiesto que durante mucho tiempo fue maravilloso. Luego la mujer compró un libro de cocina nuevo y cocinó algo distinto a lo habitual. Ahí se descubrió lo que antes había ligado el hombre a la mujer, y era que ella cocinaba de la misma manera en la que se cocinaba en la casa de él. Ese pequeño cambio tuvo un efecto decisivo. Cuando sucede algo así, nos reímos. Pero son cosas de muchos niveles que actúan simultáneamente.

Para mí lo de una pareja en el fondo es muy simple: cuando se miran a los ojos, cuando se miran verdaderamente a los ojos, ven sólo el alma. Cuando las almas se encuentran en ese sentido, entonces el amor es posible. Pero esas almas se encuentran de manera tal que el individuo no tiene el permiso de apropiarse de la otra alma. No la posee, sólo la ve. A menudo entonces desde esas almas hay una conexión que es profunda, que es leal y que es firme con pocas ilusiones. No es totalmente estrecha porque lo del otro es respetado continuamente, y, sin embargo, puede durar.

Cada relación es única. Ni bien me entrego a una pareja a los fines de la realización del amor, estoy vinculado y la libertad de elegir termina en ese instante. La idea de que aún podría tener esa libre elección ya no funciona. La pareja a la que uno se unió se transforma en parte de la vida. Ya no puedo salirme de ahí. Es como que pasamos a formar parte de un alma común. La pareja pone en movimiento algo que sólo es posible con esa pareja. Y delimita algo que después ya no es posible. Es decir que en ese instante la libertad de elección se acaba en gran medida. Pero eso no es una desventaja. Cuando yo me entrego realmente a esa persona, a partir precisamente de esas limitaciones y porque está restringido, surgen desafíos y fuerzas que superan por mucho a aquello que uno imagina poder lograr gracias al libre albedrío. Porque lo que lleva a la plenitud no es lo mucho, sino lo esencial.

En el enamoramiento tengo una imagen del otro sin conocerlo. Aún no lo veo. Veo una imagen deseada, en gran medida. Cuando luego se da la plenitud, de a poco uno comienza a ver al otro tal como es realmente.

Imagen: Pixabay.com
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Asentir a eso, asentir al otro tal como es, con su grandeza y sus debilidades, eso es el amor. En el enamoramiento asiento al otro tal como yo me lo imagino, no tal como es. Por eso el despertar del enamoramiento es una condición previa para el amor. Uno puede recordar el comienzo, eso por supuesto es lindo. Fecunda al amor por la dicha del comienzo. Cuando ahora uno une eso, el mirar al otro tal como es, el asentir al otro tal como es, con ese recuerdo de esa dicha temprana, se logra desde ya un efecto estimulante y también es sanador.

Si yo miro al otro sólo como una persona individual, ahí se da ese despertar. Si lo veo enlazado en su familia, y si sé algo de implicaciones o enredos, entonces veo que no puede ser diferente a lo que es.

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Imagen: Pixabay.com
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En cada persona existen heridas familiares. Y a veces hay heridas que ya no pueden ser sanadas. Hay actos que tienen consecuencias que ya no se pueden revertir. Eso debe ser reconocido. Y por supuesto esto puede repercutir la relación de tal forma que la separación sea inevitable.

Eso por supuesto también va en contra del concepto generalizado de que se puede y debe solucionar todo. Por el otro lado, a veces es necesario saber acerca de la implicación. Allí donde ese saber no está y dónde tampoco existe la disposición a seguir y tal vez sacarlo a la luz, la separación es inevitable. Pero la separación no es una solución porque en la próxima relación todo continuará de la misma manera. Es decir que la separación es una huida de aquello que la vida en definitiva exige de cada uno.

La relación tiene un aspecto muy importante. Resulta que es una organización en contra de la muerte. Todo eso está al servicio de mantener la vida. Por ese motivo, ni bien hay hijos, la finalidad y el sentido de la relación se acabaron. Aquellos que tienen hijos o quieren tener hijos con ello demuestran que son conscientes que ellos también se acaban. Esa mirada al final es muy importante. Entonces uno se va despidiendo lentamente. Eso tiene una grandeza que va mucho más allá que cuando alguien piensa: Ahora busco una nueva relación y comienzo de nuevo. Desconocen totalmente que todo se dirige hacia un final. Es una ilusión que el amor supera la muerte. Uno la ve por ejemplo en parejas que se suicidan conjuntamente porque creen que continúa. Para mí eso es totalmente ilusorio. La muerte debe ser tomada en serio como consumación de la vida y también la consumación del amor. Recién entonces esta completa y redonda. Algo se redondea y se completa. Lo que hay detrás, no lo sabemos. Pero a través de eso el individuo alcanza una completad. Así es el curso de la vida.

Toda vida nueva se basa en que antes otros hicieron lugar.

Eso hay que verlo. Y aquello que aparenta estar instalado para que dure como es el caso de una relación amorosa es pasajero, algo de cara a la muerte. Lo que viene después, eso queda.

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El odio es un sentimiento infantil. Los adultos no odian en ese sentido. Sólo odian cuando se sienten como niños, o sea cuando se sienten impotentes como niños. Por ese motivo un hombre no puede odiar a su mujer. Puede transferir a ella algo de la infancia. Pero eso es algo completamente diferente. Pero reducir esto sólo a un comportamiento no funciona.

Imagen: Pixabay.com
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La solución sencilla entre padres e hijos es que los hijos reconozcan: “Tengo la vida a través de ustedes. Ustedes son mis padres y ahora los tomo tal como son, como mis padres correctos.” De esa forma el hijo está en paz consigo mismo. Así entonces también puede tomar todo lo demás que los padres le ofrecen. A menudo tenemos la loca idea que podríamos tener padres diferentes, o que los padres deberían poder ser diferentes de lo que son. En ese momento el hijo se vuelve totalmente estrecho. En el fondo se vuelve loco. Muchas pretensiones frente a los padres en realidad son pretensiones locas que los padres tampoco jamás podrían cumplir. Incluso si ahora intentaran cumplir con esa exigencia, el hijo no la podría tomar porque esa pretensión proviene de otro nivel. En realidad el hijo no pretende nada de los padres en ese sentido, ahí actúa una dinámica totalmente diferente. 

Un hijo que odia a los padres se castigará severamente. Porque la profundidad del alma jamás lo permite. Es tal violación del orden que no es posible.

Y es típicamente occidental. Yo, por ejemplo, con los zulúes jamás vi que alguien hablara de forma despectiva de sus padres. Eso era impensable. Ellos todavía podían ver lo que significa recibir la vida de los padres.

Existe una Orden Familiar. La palabra orden conlleva una carga. Pero un árbol, cuando crece, crece según un orden preconcebido. No puede apartarse de él. Precisamente por estar de acuerdo con lo prefijado se despliega. Pero siempre está dado en otro medio ambiente. Cada árbol es diferente, no hay un árbol igual a otro. Sin embargo, siguen el mismo orden según el cual pueden desarrollarse. Sucede algo similar con las personas. Por ejemplo, ese orden muy sencillo de que cada persona tiene un padre y una madre. Hoy día las mujeres a veces se comportan como si pudieran tener hijos sin un hombre o sin un padre. O los hijos se comportan como que pudieran tener su vida sin sus padres. Eso es loco.

Cuando uno reconoce esos hechos tan sencillos, que yo tengo padres y que son los únicos correctos, que, si los padres fueran diferentes, también yo sería diferente, y que no puedo estar en sintonía conmigo mismo si rechazo a mis padres, ya que de esa manera me rechazo también a mi mismo, cuando reconozco todas esas cosas  sencillas, entonces ya se ha ganado mucho.

Junto al confluir con esa corriente de fondo se une que el amor sigue un orden. El orden y el amor van juntos. Y resulta que el orden va primero. El amor está al servicio de ese orden más grande. Cuando el amor se adapta a ese orden, es cuando mejor se puede desplegar dentro de ese orden.

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Descarga gratis el extracto del libro de Bert Hellinger cliccando aquí: ” Lograr el amor en la pareja “

Fuentes: www2.hellinger.com; Wikipedia.org; Hermandadblanca.org

Imagen destacada: Pixabay.com

Revisiones y aportaciones: Vittoria Veri Doldo ~ Health Coach

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About Health Energy Coaching

Mi nombre es Vittoria Verí Doldo, una entrenadora persistente, intuitiva, optimista. La vida me tiene enamorada y compartir me aporta felicidad. Soy Health Coach, experta en el desarrollo del capital humano (personal y empresarial); el enfoque de mi trabajo es holístico ya que considero la persona como un todo. ¿Qué más decir? ¡Mi trabajo es mi pasión!

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