Alergia: causas emocionales y soluciones

Alergia: causas emocionales y soluciones

La alergia es una reacción exagerada a una sustancia que reconocemos como nociva. Desde luego, la actuación del sistema de defensas del organismo está justificada cuando se trata de supervivencia. El sistema inmunizador del cuerpo produce anticuerpos para combatir los antígenos[1], con lo que proporciona una defensa contra invasores hostiles, lo cual, fisiológicamente, es irreprochable.

En los alérgicos, esta defensa, en sí encomiable, se desorbita.

El alérgico construye un gran parapeto y constantemente alarga la lista de sus enemigos. Cada vez son más numerosas las sustancias consideradas nocivas y, por lo tanto, hay que fabricar más armas para mantener a raya a tantísimo enemigo. Ahora bien, como en el terreno militar el armamento siempre denota agresividad, así también la alergia es expresión de una actitud defensiva y agresiva que ha sido reprimida y obligada a pasar al cuerpo.

Imagen: YouTube.com
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El alérgico tiene problemas de agresividad que, en la mayoría de casos, no reconoce y, por lo tanto, no puede asumir. Un aspecto psíquico reprimido es tal cuando el individuo, inconscientemente, no lo considera como parte de sí y esto puede desembocar tanto en un comportamiento agresivo como no.

En el alérgico, la agresividad es trasladada de la conciencia al cuerpo y se declara la guerra a las cosas más inofensivas: el polen de las flores, el pelo de los gatos o de los caballos, el polvo, los artículos de limpieza, el humo, las fresas, los perros o los tomates.

Es sabido que la agresividad casi siempre va ligada al miedo.  Sólo se combate lo que se teme.

Imagen: Google.com
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Y si examinamos atentamente los alérgenos[2] elegidos, en casi todos los casos, descubriremos su función simbólica y serán manifiestos los temas que atemorizan al alérgico. Tomamos como ejemplo el polen de las flores, alérgeno de los que sufren la fiebre del heno. El polen es símbolo de fertilidad y procreación, y la «grávida» primavera es la estación en la que los enfermos de fiebre del heno más «padecen».

Las pieles de los animales (suaves, ideales para ser acariciadas y que hacen que el animal, como los gatos, responda a nuestras caricias = actos de amor, dar y recibir, placer etc.) y el polen, actuando como alérgenos, indican que los temas de «amor», «sexualidad», «libido» y «fertilidad» suscitan ansiedad y, por lo tanto, son activamente rechazados, es decir, no son admitidos.

Algo similar ocurre con el miedo a la suciedad, la inmundicia, la impureza, que se manifiesta en la alergia al polvo doméstico. (Recordar expresiones como: chiste guarro, sacar los trapos sucios, llevar una vida limpia, etc.). El alérgico trata de evitar con el mismo empeño los alérgenos y las situaciones asociadas con ellos, en lo cual le ayudan de buen grado una medicina comprensiva y el entorno. Nadie se resiste al despotismo del enfermo: los animales domésticos son eliminados, no se puede fumar en su presencia, etc. En esta tiranía sobre el entorno, el alérgico encuentra un campo de actividad que le permite desahogar insensiblemente sus agresiones reprimidas.

El método de la «desensibilización» es bueno en sí, pero, para obtener buenos resultados, habría que aplicarlo no al plano corporal sino al psíquico. Porque el alérgico sólo hallará la curación cuando aprenda a afrontar conscientemente todo aquello que evita y rechaza, y asimilarlo en su conciencia.

Al alérgico no se le hace ningún favor ayudándole en su estrategia defensiva: él tiene que reconciliarse con sus enemigos, aprender a quererlos.

Que los alérgenos ejercen exclusivamente un efecto simbólico y nunca un efecto material o químico es algo que debe quedar perfectamente claro. Por ejemplo, en la narcosis no hay alergia, igualmente, durante una psicosis, desaparecen todas las alergias. A la inversa, incluso la simple imagen, como por ejemplo la fotografía de un gato o la secuencia de una locomotora que echa humo en una película desencadenan el ataque en el asmático. La reacción alérgica es absolutamente independiente de la materia de los alérgenos.

Imagen: Google.com
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Defender equivale a rechazar. El polo opuesto de rechazar es amar. En el amor, el ser humano abre barreras y deja entrar algo que estaba fuera de ellas. A estas barreras solemos llamar Yo (ego) y todo aquello que queda fuera de la propia identificación es para nosotros Tú (el otro). En el amor, esta barrera se abre para admitir a un Tú que, con la unión, se convertirá en Yo. Allí donde ponemos una barrera rechazamos y donde quitamos la barrera amamos.

Los mecanismos de defensa son la suma de todo lo que nos impide ser perfectos y completos. En teoría es fácil definir en qué consiste el camino de la iluminación: en todo lo bueno. Comulga con todo lo que es y serás uno con todo lo que es. Éste es el camino del amor.

Cada «sí, pero…» es una defensa que nos impide conseguir la unidad. En el mismo sentido se justifica también la enfermedad a la que nosotros deseamos transmutar en salud cuanto antes. Como las defensas psíquicas apuntan contra elementos del subconsciente catalogados de peligrosos y que, por lo tanto, tienen vedado el paso a la conciencia, así las defensas físicas se orientan contra enemigos «externos», llamados agentes patógenos o toxinas.

Estamos tan acostumbrados a manejar despreocupadamente unos sistemas de valores montados por nosotros mismos que hemos llegado a convencernos de que son patrones absolutos. Pero en realidad no hay más enemigo que aquel al que nosotros declaramos como tal.

Origen emocional del conflicto, actitudes consecuentes, soluciones [3]

En general, la persona alérgica siente aversión hacia alguien y no puede tolerarlo. Le cuesta trabajo adaptarse a alguien o a una situación. Es una persona que se deja impresionar demasiado por los demás, sobre todo por aquellos a quienes quiere impresionar. A menudo es también susceptible. No quiere desagradar. Éste reacciona a algo, una especie de símbolo mental, porque intenta rechazar, ocultar (borrar de mi memoria consciente o de mi sensibilidad) o ignorar lo que le molesta. Rechaza pues una parte suya que le agrede.

Imagen: e-rastrillo.blogspot.com.es
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La persona alérgica vive una contradicción interna. Una parte de ella quiere algo y otra parte se lo prohíbe. Y lo mismo le sucede con las personas. Quiere mucho a alguien y depende de él; una parte de sí desea la presencia de ese alguien, y otra parte rechaza esta dependencia terminando por encontrar defectos en la persona amada.

La alergia aparece frecuentemente después de un acontecimiento en que la persona se ha sentido separada de una cosa, de un animal, de alguien. Cuando la persona vuelve a vivir una situación que le recuerda este acontecimiento triste y desgarrador para ella, tendrá esta alergia porque, en alguna parte, su cuerpo (sus sentidos) se acuerdan de todo y todo está grabado en sus células.

Si la situación vivida se acompaña de una gran angustia, son los senos que estarán afectados (resfriado del heno, estornudos). Si predomina el miedo,  la alergia se expresará más por la tos (dificultad en respirar) y si es más bien la propia separación que se vivió difícilmente, las reacciones alérgenos se encontrarán más a nivel de la piel (eczema, urticaria, dermitis, etc.). La alergia a un alimento (por ejemplo: el azúcar, el alcohol en el alcohólico) está vinculada a una experiencia en la cual se tuvo que decir no a lo que más gustaba, y esto hace que siga la frustración y se cree una alergia a ello. En este caso, tal vez a la persona le resulta difícil concederse el derecho de experimentar placer con las cosas buenas de la vida. Frecuentemente la alergia deriva de un miedo a lo nuevo y a la aventura, una falta de confianza frente a la vida, y se traduce en sentirse obligado a privarse de alegría, pensando que la vida es algo ordinario, sin reto.

Otro elemento de la alergia es que se convierte en un medio para llamar la atención; sobre todo si su manifestación es del tipo en el que la persona se ahoga y necesita la intervención de los demás. Es importante detectar la creencia por la cual la persona asocia el ‘ser querido’ con la enfermedad, lo cual no tiene sentido.

Sería ideal también identificar la persona o situación por la cual se siente hostilidad y cuya aprobación se busca al mismo tiempo; generalmente es una persona cercanaTrabajar por tanto la creencia según la cual, si actúas según las expectativas de esa persona serás verdaderamente querido; reconocer que se es dependiente de su aprobación o de su reconocimiento.

Fuente: ” La Enfermedad como camino ” ~ Thorwald Dethlefsen y Rudiger Dahlke – DelBolsillo (2009)

Revisiones y aportaciones: Vittoria Veri Doldo ~ Health Coach

[1] Un antígeno es una sustancia extraña, generalmente una proteína, que es capaz de estimular el sistema inmunizador. (N. del T.)
[2] Alérgeno es el antígeno de una reacción alérgica. (Alergia = reactividad alterada por hipersensibilidad. (N. del T.)
[3] http://www.sanateysana.com/diccionarioemocional.html#_ALERGIAS_(en_general)
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Mi nombre es Vittoria Verí Doldo, una entrenadora persistente, intuitiva, optimista. La vida me tiene enamorada y compartir me aporta felicidad. Soy Health Coach, experta en el desarrollo del capital humano (personal y empresarial); el enfoque de mi trabajo es holístico ya que considero la persona como un todo. ¿Qué más decir? ¡Mi trabajo es mi pasión!

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